Sueño despierta que estás conmigo,
que me susurras al oído,
que me dices cariño mío estoy contigo.
Y me despierto desesperada,
buscando por aquí tu mirada,
aunque sé que no encontraré nada.
Y entonces me pongo a llorar,
sin parar, sin cesar,
hasta que tu voz me vuelve a hablar.
sábado, 5 de junio de 2010
martes, 1 de junio de 2010
PRINCESA SURREALISTA
jueves, 27 de mayo de 2010
No debes tener miedo a dormirte. Nadie puede hacerte daño. Piensa en cosas bonitas: Puedes contar ovejas, patos, unicornios rosas, sirenas... Si eso no te funciona trata de pensar en todo lo bonito que te ha pasado durante el día. En el caso de que no te duermas intenta imaginar formas varias en las nubes. Quizás descubras a un osito de peluche, un coche o incluso podrías ver a Bob Esponja! Sea cual sea el método que escojas para dormirte, concéntrate y duérmete.
Y esa niña de ojos azules no tardó nada en dormirse gracias a los consejos que le dio su hermano mayor, al que tan admiraba y quería.
miércoles, 19 de mayo de 2010

Había una vez un niño al que le encantaba hacer volar su cometa. No tenía nada más. Ni amigos, ni familia, ni ningún otro juguete. Sólo tenía a su cometa. Cuando se sentía solo, triste o alegre hacía volar su cometa. Jugaba cerca de la playa de la arena negra a causa del petróleo o se acercaba a las trincheras destruidas, ya que por esa zona pasaba mucho el viento. Siempre con su cometa bajo el brazo. Difícilmente se encontraba a alguien por la calle. Todo estaba destruido, ese pueblo costanero que un día fue un lugar idílico para el turismo ahora era un lugar fantasmagórico. La guerra lo había destruido todo. El pobre niño no pedía nada más que ser querido por alguien, poder jugar con una persona, compartir sus emociones con ella….
Ese niño creció, y en cuanto pudo se marchó de su pueblo dispuesto a empezar una nueva vida en otro lugar dejándolo todo atrás. Bueno, todo no. ¿Sabéis que se llevó consigo? Su cometa. Y en el día de hoy, si miras bien al infinito, todavía puedes ver esa cometa danzando por los aires al ritmo que la lleva el viento.
sábado, 30 de enero de 2010
Recuerdos

Hace frío, y la nieve me trae recuerdos.
La brisa marina peinando mi pelo, cálidamente. El sol alumbra mi piel, dándole a ella un tono bronceado. Él está estirado a mi lado, durmiendo. Le miro y sonrío. Miro como lentamente va subiendo la marea. Decido ir al mar. Primero pongo el pie izquierdo y analizo la temperatura del agua. No está nada mal, pienso. Pongo los dos pies, las piernas, mi torso y entro hasta que cubro mi cuello. Cierro los ojos y dejo que el agua me moje la cara. Saco la cabeza y le miro, sonriente. Veo que él está sentado en la arena, observando mis movimientos. Le digo que venga a bañarse conmigo, pero prefiere quedarse mirándome. No me opongo a eso, así que decido nadar, bucear, como una sirena de pelo castaño dispuesta a investigar el océano. Chapuceo por el agua, intento mojarle pero mi intento es fallido cuando veo que el agua que tiro apenas le llega a los pies. Se ríe divertido, pero a mí no me hace gracia. Cuando ve que yo no me río se levanta y se acerca al agua, dispuesto a disculparse. Me alarga la mano para que se la encaje y que estemos en paz, pero cuando se la agarro le estiro de la mano y hago que caiga en el agua. Ahora sí que me río. Ahora ya puedo mojarle bien. Espero a que su cabeza salga del agua para saltar a sus brazos. Me agarra poniendo sus brazos por debajo de mis piernas estiradas, como el chico lleva a la novia el primer día de casados, la diferencia es que nosotros no lo estamos. Miro sus ojos de color nuez mientras sonrío. Beso su mejilla cálidamente. Me mira fijamente, y le devuelvo la mirada. No sé cuánto tiempo nos quedamos mirando, algunos minutos, hasta que decide besarme. Un beso dulce pero con sabor a sal marina. Un beso fresco pero mezclado con nuestro calor interno. Un beso extremadamente bonito. Decido salir del agua, escrutada por un chico de metro noventa, con un corazón directamente proporcional a su altura. Sus manos, ahora posadas en mi cintura, me hacen estremecer de frío. Decido subirme a su espalda, y dejo que me lleve donde quiere. En un momento se para y me pide que le deje tapar mis ojos con un pañuelo. Acepto y vuelvo a subirme en su espalda. No veo absolutamente nada. Son las 8 de la tarde y queda poco para que el sol se vaya a dormir. Creo que pasan unos cinco minutos hasta que se detiene y me deja bajar. Me da su mano y me guía por la arena. Me hace sentar en una roca, y me desata el pañuelo. Estamos dentro de una cueva con vistas al cercano mar. Delante de mis pies se ha formado una piscina con el agua que ha subido de la marea. El agua está caliente. Me quito la ropa, no puedo mojar dos vestidos en un día, así que lo dejo en las rocas así cuando salga me lo pondré y me quedo sólo en ropa interior. Su cuerpo, cubierto sólo por su ropa interior, entra conmigo al agua divertido, inspeccionando detalladamente todo lo que hago. Apoyo mi cabeza en su torso mientras sus labios se apoderan de mi cuello. Y así, los dos juntos, en una isla solitaria que hemos hecho nuestra, vemos cómo el sol se acuesta y la luna le substituye.
Hace frío, y la nieve me trae recuerdos que ya no volverán.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

